Jesús Amate acudió a la escuela y coincidencias de la
vida que esa no era la primera vez que yo coincidía con él. Desde que yo soy muy pequeña voy a clases de
baile, mi profesora aparte de bailarina profesional es actriz y todos sus
mejores amigos son del mundillo del arte, y casualmente él es uno de ellos. Hace unos años impartió un cursillo
de verano en Madrid al que yo y mis compañeras acudimos, la sala donde se
desarrolló todo el aprendizaje fue la de Jesús por lo tanto esa fue la primera
vez que le conocí y compartí con él el arte.
En el momento
que le vi entrar por la puerta no le reconocí, supongo que físicamente no había
cambiado, pero no relacionaba la universidad con él, por lo que no fue hasta
que dijo su nombre cuando empecé a pensar “yo creo que le conozco”,
efectivamente era él. Pude corroborarlo al recordar juntos los momentos que
pasamos en Benamate.
Para mi esta
sesión ha significado mucho, me ha traído muchos recuerdos y me ha conmovido
¿Por qué os preguntareis? Pues bien,
además de recordar los veranos que pasamos allí, me he evadido a la época en la
que yo estaba apuntada a clases de interpretación y mi sueño era ser actriz (he
de decir que hoy me sigue rondando ese pensamiento por la cabeza) en aquellas
clases hacíamos lo mismo que hemos hecho con él.
Sentarme a interpretar con mis
compañeras me ha hecho sentir como si estuviera encima del
escenario de la casa de la cultura de Azuqueca donde tantos momentos he pasado.
Es posible que me arrepienta de haber tomado la decisión de no seguir
recibiendo clases de teatro y sea por eso por lo que me haya invadido un
sentimiento de tristeza. Pero a pesar de
todo ello me alegro de haber podido compartir lo que se siente haciendo arte con
el resto de mis compañeras.
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